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Los datos son contundentes y ponen de relieve cómo la crisis demográfica tendrá consecuencias negativas, especialmente sobre la construcción de viviendas y su industria auxiliar. Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) estiman que en los próximos 15 años, hasta 2031, se crearán en España apenas 902.633 hogares. Es decir, 60.175 hogares cada año. Para hacerse una idea de lo que significa esta cifra, hay que tener en cuenta que entre 2001 y 2011, se crearon, cada año, 389.652 hogares. Es decir, seis veces más que en el futuro inmediato, reflejo del intenso cambio demográfico que se está produciendo. España se convertirá de aquí a 50 años (2031), en un país envejecido y lleno de hogares solitarios. Según el estudio, 5,52 millones de viviendas tendrán un único habitante, un incremento del 19,8% respecto a la actualidad. Para 2066, España perderá casi 5,4 millones de habitantes sobre los 46,4 millones actuales.

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La población española alcanzará el próximo año 2017 un punto de inflexión en términos absolutos. Tras crecer levemente este 2016 hasta los 46,43 millones de habitantes, a partir del año que viene, el número de personas que viven en España comenzará un descenso que no se interrumpirá en los 50 años que abarca la proyección del INE.

En los años de expansión económica, la entrada de inmigrantes se disparó y contribuyó de manera decisiva a orientar el patrón de crecimiento (junto al contexto macroeconómico y los tipos de interés) hacia la vivienda y otras industrias anexas. En los próximos años, sin embargo, sucederá todo lo contrario. Si no cambia la realidad demográfica, la construcción de viviendas, muy intensiva en mano de obra, seguirá perdiendo importancia en la economía respecto del PIB, con todas las implicaciones que ello tiene. Muchísimas industrias como las destinadas a fabricar bienes de consumo duraderos (electrónica, mobiliario...) dependen en buena medida del mercado de la vivienda.

Stock, demanda y vivienda nueva

No se trata de un fenómeno puntual. Ni siquiera en 2015, con un fuerte crecimiento económico y después de que los precios de la vivienda hayan caído en términos reales (sin inflación) cerca de un 40%, el número de nuevos hogares apenas se incrementó en 43.100 unidades, lo que muestra la intensidad del fenómeno. Hay que tener en cuenta, además, que el mercado inmobiliario todavía está pendiente de absorber los excedentes del "boom" inmobiliario registrado en los primeros años del siglo, lo que hace más difícil que el sector de la vivienda tire con fuerza.

De hecho, los incrementos de demanda que se han producido en los últimos años están influidos de forma muy relevante por la compraventa de pisos de segunda mano y con la adquisición de viviendas nuevas construidas en los años del "boom" (todavía existe medio millón de viviendas sin vender), más que con la oferta de obra nueva propiamente dicha. No hay que olvidar que, según los datos del INE, el 68% de las viviendas construidas en España fueron edificadas después de 1971, lo que refleja un parque inmobiliario relativamente joven, sobre todo fuera de los núcleos urbanos, que tardará tiempo en ser sustituido. Hoy se venden dos veces más viviendas usadas que nuevas.

Las cifras más recientes del Banco de España indican, en concreto, que la oferta de viviendas nuevas en los últimos 12 meses se limita a 59.000 unidades. Muy por encima de las 34.000 viviendas de 2013, pero a años luz de los más de 800.000 pisos que se llegaron a construir en los años de fuerte expansión económica. Esto significa que el desplome de los tipos de interés, en este sentido, está teniendo más un efecto sobre el desendeudamiento de los hogares que sobre la adquisición de viviendas. En todo caso, los 60.000 hogares que se crearán anualmente hasta 2031, si se cumplen las proyecciones del INE, son una cifra que se sitúa muy lejos de las 150.000 viviendas que ha reclamado recientemente la patronal CEOE para hacer sostenible la industria de la construcción. Un número que se considera adecuado para equiparar a España con los ratios existentes en la Unión Europea.

Proyección en la creación de hogares en España

Según el estudio, el número de hogares aumentaría en todas las comunidades autónomas a lo largo del periodo 2016-2031, menos en Asturias (-4,3%), Castilla y León (-3,7%), Cantabria (-1,2%) y País Vasco (-0,4%). Mientras que los mayores crecimientos se darían en las ciudades autónomas de Melilla (27,6%) y Ceuta (16,4%), Canarias (15,3%) y Madrid (11,1%). Si bien con fuertes diferencias territoriales, se estima que la creación de nuevos hogares bajará en la tercera parte de las provincias españolas en la próxima década, a menos que se produzca un fuerte aumento de población inmigrante.

De este modo, los descensos de población hasta 2031 serán especialmente fuertes en las comunidades autónomas más rurales. Castilla y León, perderá en los próximos tres lustros 262.068 habitantes, uno de cada diez residentes. Galicia registrará un descenso de 230.722 habitantes, una población equivalente a la de toda la ciudad de A Coruña. En términos relativos, la mayor caída la protagonizará Asturias, que con una pérdida de 115.500 personas, verá cómo su población se reduce en un 11,1%. No obstante, la desertización del medio rural correrá pareja al crecimiento de población en las regiones más urbanas, sobre todo en sus áreas metropolitanas. La Comunidad de Madrid ganará 331.453 habitantes hasta 2031, un 5,2% más. Frente al área de la capital de España, Cataluña apenas crecerá un 0,2%, con 16.182 habitantes más en los próximos 15 años, según el INE.

Por otro lado, el tamaño medio del hogar a lo largo del periodo 2016-2031 disminuiría en todas las comunidades, salvo en las Islas Baleares. Los mayores descensos se registrarían en Galicia y en las ciudades autónomas de Melilla y Ceuta, mientras que los descensos más moderados se darían en Cataluña, País Vasco y Comunidad Valenciana. En cuanto al porcentaje de hogares unipersonales, Asturias se situaría en cabeza (con un 34,2% del total), seguido de Castilla y León (33,2%) y Navarra (32,4%). La ciudad autónoma de Melilla sería el único territorio en el que el porcentaje de hogares de una persona no alcanzaría el 20%. Mientras tanto, los hogares con cinco o más personas pasarán a ser casi una reliquia del pasado: en 2031 habrá algo menos de 800.000 en toda España.

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España envejece

El claro descenso en el número de hogares, lógicamente, tiene que ver con circunstancias socioeconómicas, pero, sobre todo, demográficas. Así, en los 15 próximos años, España perdería 552.245 habitantes (un 1,2%), lo que situaría su población en 45,9 millones de personas en 2031. Dentro de 50 años, el descenso sería de más de 5,3 millones de habitantes (un 11,6%). De esta forma, la población se reduciría hasta 41,1 millones en 2066. A nivel de intercambio de inmigración, de mantenerse este nivel (343.614 inmigrantes anuales y una población española con menos jóvenes dispuestos a irse) España ganaría casi 115.000 habitantes hasta el año 2020 en sus intercambios de población con el extranjero. Esta tendencia se reforzaría en años sucesivos, con una ganancia neta de población debida a migraciones de casi 3,1 millones de personas en los 50 próximos años, según el INE. No obstante, aunque de forma súbita ahora aumente la tasa de natalidad, hasta al menos dos décadas no tendría efectos sobre el mercado inmobiliario. Salvo otra fuerte oleada de inmigración que lo impulsara.

El envejecimiento de los nacidos en el llamado baby boom (la explosión de la natalidad entre 1946, tras la Segunda Guerra Mundial, y mediados de los años 60 del siglo pasado) y de la generación posterior, acelerará la mortalidad entre los años 2046 y 2066. Esto sumado a la reducción de los nacimientos en los próximos 15 años (entre 2016 y 2030 nacerán unos 5,3 millones de niños, un 22% menos que los partos registrados desde principios de la centuria) hará que el saldo vegetativo y la cifra global de población se precipite.

Menos población y menos viviendas a construir tienen también efectos adversos sobre los ingresos públicos, y eso, a su vez, influye en la sostenibilidad del Estado de bienestar. En particular, en las comunidades autónomas, cuya recaudación tiene una gran exposición al ciclo residencial.

Gráfico: elpais.com - INE: Proyección de hogares 2016–2031

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¿Es posible la recuperación económica de forma intensa sin "boom" inmobiliario? Posiblemente antes de la crisis económica, para muchos la respuesta hubiera sido que no. La construcción y, en particular, la inversión inmobiliaria han sido históricamente el principal motor de la actividad económica en España, junto al turismo y el automóvil. Aunque algo está cambiando. El peso del ladrillo respecto del PIB ha caído a la mitad. Pero, aun así, la economía crece a un ritmo anual del 3,4%, y en el último año se crearon más de medio millón de puestos de trabajo, es sí, muchos en precario.

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No se trata de un fenómeno pasajero. Al menos por el momento. El último informe de la Comisión Europea sobre España estima que la inversión en la construcción se ha estabilizado y, a pesar del cambio de ciclo producido en el mercado de la vivienda, se espera que su crecimiento solo sea “muy moderado” hasta 2017. Es decir, que no habrá "boom" inmobiliario a corto plazo si se cumplen las previsiones de Bruselas.

¿Qué hay detrás de este proceso? Los servicios técnicos de la Comisión lo achacan a un cierto cambio en el patrón de crecimiento, ahora menos dependiente del ladrillo por razones estructurales. Y, en concreto, se apunta a que la actividad residencial está siendo sustituida por otras inversiones. Así, la inversión en bienes de equipo durante la crisis, por ejemplo, fue moderada, pero repuntó con fuerza en 2014 y lo mismo ha sucedido en 2015. La conclusión que saca la Comisión Europea es que ello podría reflejar que la especialización productiva de la economía "está orientada hacia productos tecnológicos de valor medio-bajo" y ya no tanto en la construcción.

Un reciente informe de Seopan, la patronal de la construcción, incide en la misma dirección. El ladrillo se está recuperando, pero lo hace de forma moderada, no intensa. Justo lo contrario de lo que sucedió en anteriores periodos de expansión. Para Seopan, el rasgo más destacable en 2015 fue la concurrencia de un crecimiento positivo en todas las comunidades. Por la intensidad en su avance, destacaron: Navarra, Extremadura, Castilla-La Mancha, País Vasco, Castilla y León y Cantabria. La tasa media de crecimiento fue del 5,2%, estimándose las tasas más moderadas en Baleares, Aragón, Murcia y Cataluña.

Actividad constructora por comunidades autónomas

Por comunidades autónomas, según Seopan, la incidencia de la actividad constructora alcanza su máximo en Extremadura, con un peso del 6,8%, superior en 1,8 puntos con respecto de la media nacional. La siguen Cantabria, Galicia y Castilla-La Mancha. Las regiones de Canarias, Cataluña y Madrid exhiben una representatividad del sector inferior al 4,4%, es decir, muy lejos de los niveles previos a la crisis cuando el peso del valor añadido de la construcción respecto del PIB llegó a ser del 10%. Hoy representa la mitad, lo que da idea del ajuste que ha sufrido el sector.

Los factores que explican esta moderada recuperación son, fundamentalmente, tres: continúa el desapalancamiento de las familias (los hogares prefieren pagar deudas antes que emprender nuevas inversiones, pese al descenso de los tipos de interés nominales), razones demográficas (salida de inmigrantes y caída de la natalidad en las últimas décadas) y, por último, los salarios, que han subido menos de lo que lo han hecho los precios desde el comienzo de la recuperación. Pero también, como recuerda la Comisión Europea, a pesar de algunos signos positivos, sigue existiendo un gran "stock" de viviendas sin vender.

El impacto demográfico es especialmente significativo. Como recuerda el último análisis del servicio de estudios del BBVA sobre el mercado inmobiliario, las proyecciones demográficas de largo plazo más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que España continuará perdiendo población en los próximos años, y que el proceso de formación de hogares "se reducirá de forma significativa hasta finales de la próxima década, situándose en una media del entorno de 60.000 nuevos hogares al año, cuando en los últimos 10 años el aumento ha sido de 240.000 hogares/año".

La conclusión que sacan sus economistas es que, en el caso de confirmarse estas proyecciones, la construcción de viviendas destinadas a satisfacer la demanda de los nuevos hogares descendería de forma relevante en relación con la media histórica, "lo que tendría repercusión en el sector inmobiliario en lo que a la actividad edificadora se refiere: el segmento de la promoción residencial podría reducir todavía más su tamaño".

Esta moderada evolución del ladrillo contrasta, sin embargo, con el hecho de que la burbuja inmobiliaria, según Bruselas, ya se ha pinchado. La diferencia de sobrevaloración calculada con respecto a los fundamentos de la oferta y la demanda (es decir, los precios reales de la vivienda, la población total, la inversión real en vivienda, la renta real disponible per cápita y el tipo de interés a largo plazo real) "se eliminó ya en 2012". Pese a ello, el sector sigue sin despegar con fuerza. Tanto en la parte residencial como en la obra civil, en este caso debido a que la economía sigue absorbiendo los enormes proceso de inversión que se produjeron antes de la crisis y a que los gobiernos están obligados a reducir el déficit.

Los pisos suben más que los salarios

En el caso de los salarios, la Comisión Europea considera que los ratios de asequibilidad (precio/ingresos) y dividendos (precio/alquiler) "casi volvieron a sus promedios a largo plazo en 2014, pero la diferencia ha empezado a resurgir". Es decir, que las nóminas no suben como los precios y eso desincentiva la actividad inmobiliaria. Los indicadores más recientes apuntan, igualmente, en ese sentido. Como ha señalado el último informe del Banco de España, "se podría haberse producido una leve desaceleración de la actividad en los primeros meses de 2016".

En cuanto a los indicadores que anticipan la actividad futura, el Banco de España estima que los visados de obra nueva residencial se situaron en enero por encima del promedio mensual observado en el conjunto del año 2015, "lo que augura un mantenimiento de la recuperación de la construcción de viviendas", pero de escasa intensidad. No obstante, la cifra de pisos terminados arranca 2016 subiendo un 10,8% tras ocho años de caídas. Mientras que, por el contrario, los indicadores de licitación de obra pública siguieron en febrero mostrando una "notable atonía". El propio Gobierno, en su actualización del Programa de Estabilidad, ha estimado que la construcción crecerá entre 2016 y 2019 en el entorno del 4,7%, por debajo del 5,3% registrado en 2015.

El servicio de estudios del BBVA, por su parte, espera que las viviendas terminadas comiencen a crecer en algunos mercados, mientras que en otros podrían alcanzar el suelo. Por su parte, los visados, ligados a la iniciación de nuevas viviendas, crecerán a una tasa anual del entorno del 30%. Esto, unido al mayor dinamismo que se aprecia en el mercado de suelo, "garantiza", según la entidad, el avance de la actividad constructora. Así, se espera que en 2016 la inversión en vivienda crezca a una tasa del 3,8%, elevando el peso de esta inversión hasta el 4,6% del PIB. Todavía muy por debajo de su peso histórico. Menos de la mitad.

Fuente: elconfidencial.com

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La crisis económica trajo consigo otra, la demográfica: España pierde población desde 2012 porque se va más gente del país de la que llega. A pesar de la huida, la caída de población no afecta a todos los municipios por igual. De hecho, hay ciudades por toda España que siguen creciendo a buen ritmo, sobre todo en el área metropolitana de Madrid, desde Arroyomolinos o Getafe a San Sebastián de los Reyes. A la cabeza de todas ellas está Rivas-Vaciamadrid, que, en plena sangría poblacional, ha ganado 6.029 vecinos entre 2012 y 2015, según el padrón municipal del INE. Por contra, todas las capitales de provincia pierden población, excepto Melilla, Almería, Málaga, Vitoria, Girona y Ceuta.

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Uno de los motivos de esta migración hacia las áreas metropolitanas nos lo da Irene Fernández, de 35 años: "En cuanto supimos que estábamos embarazados, decidimos mudarnos”. Por el mismo dinero con el que ella y su pareja pagaban un piso de alquiler en el popular barrio madrileño de Villaverde, se trasladaron en mayo de 2012 a un chalé en Rivas Vaciamadrid, a 15 kilómetros al sureste de la capital. "Buscábamos mejor calidad de vida, espacios verdes y buenos colegios para nuestro hijo. En la ciudad, al final, estás rodeado de todo y de nada".

Durante años, los municipios metropolitanos de grandes ciudades fueron creciendo al calor del boom del ladrillo y de la mano de parejas jóvenes (procedentes de la gran ciudad, de otras comunidades o, desde el año 2000, de otros países) que, además, tenían hijos que aumentaban otro poco el padrón. Rivas es un ejemplo de libro: en 1981, cuando empezaron a construirse allí las primeras promociones de cooperativas de viviendas impulsadas por sindicatos, era un pequeño pueblo de 653 habitantes. Dos décadas después, en 2001, su censo se había multiplicado por 50 (con 32.228 vecinos) y en los tres lustros siguientes, por 2,5 hasta los más 81.000 actuales. "Su edad media es de 34 años, con una tasa de natalidad muy alta", señala Curro García Corrales, portavoz de Gobierno municipal.

Lo llamativo es que el proceso, aunque tal vez ralentizado, no se ha detenido con la crisis. De hecho, Rivas es el municipio de España que más ha aumentado en términos absolutos desde 2012, y también es la ciudad de más de 50.000 con la tasa de crecimiento más alta (7,9%). Y no es la única localidad con gran resistencia demográfica, sino que hay muchas otras ciudades “resilientes”, como las llama el catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Cantabria Pedro Reques. Muchos municipios metropolitanos siguen recibiendo población "probablemente procedente de las grandes ciudades cercanas (Madrid, Barcelona, Sevilla), que pierden habitantes de forma generalizada”, señala Ricardo Méndez, experto en demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Las capitales de provincia pierden población

población-tablacapitalesAsí, Dos Hermanas recogería población de Sevilla (que ha perdido 8.000 habitantes), Sant Cugat del Vallès, de Barcelona (16.388 menos); o Arroyo de la Encomienda, de Valladolid (7.596). La ciudad de Madrid ofrece las cifras mayores: perdió 91.500 empadronados (2,5% menos) en 2015, una parte de los cuales ha alimentado sin duda el crecimiento de otros municipios de los alrededores. Hay ejemplos en cada una de las autovías de acceso a la capital: San Sebastián de los Reyes en la A-1 (3.478 vecinos más); Paracuellos del Jarama en la A-2 (2.411); en la A-3, Rivas (6.029); en la A-4 Valdemoro (2.539); Arroyomolinos y Getafe en la A-5 (4.370 y 3.641), y Las Rozas en la A-6 (3.130).

Pero, ¿por qué estos municipios y no otros? No es fácil trazar los elementos comunes que les convierten en ciudades "resilientes", sin embargo, el profesor Reques señala que estas suelen compartir una serie de características como "una apuesta por la diversificación y por la mejora de la productividad (sea cual sea el sector, incluido el primario), buenas comunicaciones de transporte, un mayor nivel socioeducativo y un sistema urbano-metropolitano más consolidado”. En el caso de los municipios madrileños, comparten, además, extensas zonas de chalés. Unas viviendas unifamiliares que son la perfecta imagen de una forma de vida más tranquila, más acomodada y familiar. Esa que buscaban Irene Fernández y su familia cuando se mudaron a Rivas.

La atracción de la industria y el particular caso de Melilla

Torrevieja ha perdido nada menos que 15.000 habitantes desde 2012 (un 14%). Calpe, en la otra punta de Alicante, ha perdido 8.010 (-27%). Son, según el investigador del CSIC Ricardo Méndez, los síntomas más claros del lastre demográfico que ha supuesto el monocultivo del turismo en tiempos de crisis. Sin embargo, el experto señala también otras ciudades más grandes, como Almería, Málaga o Arona (Tenerife), donde la industria del turismo se complementa con mercados de trabajo más diversificados, y cuya población ha crecido. Méndez, además, insiste en la vinculación entre industria y atracción demográfica. El Ejido (con agroalimentación), Jerez de La Frontera (vinícola) o Vitoria (con todo tipo de industria) serían tres ejemplos. Esta última es la única capital de provincia, de las cuatro que han crecido desde 2012, que no pertenece a una región costera; las otras son la ya mencionadas Almería y Málaga, además de Girona.

Las dos ciudades autónomas españolas sí han ganado población en estos años. Ceuta lo ha hecho de forma insignificante: 245 vecinos más, un 0,3 %. Pero Melilla mucho más: ha ganado un 5,9%, es decir, 4.782 habitantes que significan el segundo crecimiento más alto de España en términos absolutos, solo por detrás de Rivas Vaciamadrid, y que eleva su censo hasta los 85.584. Unas cifras que merecen mención aparte porque eso ocurre pese a unas condiciones geográficas muy adversas: encajonados entre el mar y Marruecos, su densidad de población es de 6.958 habitantes por kilómetro cuadrado, 75 veces más que la media de España, y sufren desempleo del 31%, 10 puntos por encima de la media. La razón, según distintos trabajos, es una mezcla entre presión migratoria, las tasa más alta de natalidad (19,3 nacimientos por cada 1.000 habitantes, 10 veces más que la media) y la más baja de mortalidad, con 5,7 defunciones por cada 1.000 habitantes.

Fuente: elpais.com

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