Durante los años previos a que explotara la burbuja inmobiliaria del año 2007, en España se estaban construyendo en el entorno de las 700.000 viviendas año, con una gran componente especulativa, motivada por tipos de interés muy bajos y continua subida de precios de los inmuebles, lo que convertía la compra de viviendas en una opción de inversión muy interesante.
A partir de agosto de 2007 se produce una ralentización en la demanda que ha tenido como consecuencia que gran parte de ese stock de viviendas construidas y no vendidas, se haya constituido en una de las principales cargas en el balance de bancos y cajas, actores en la financiación de los proyectos.
Tres son los beneficios que esta nueva situación aporta al potencial inversor:
- Amplio stock de vivienda acabada con altos niveles de calidad constructiva
- Reposicionamiento de precios
- Condiciones de financiación favorables
Según el Ministerio de Fomento en su informe de enero de 2012 establecía en 676.038 el excedente de viviendas nuevas en nuestro país disponibles para su venta, donde Andalucía, Levante y Cataluña representan más del 50% del total.
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