El gasto en reformas crece un 5% por el tirón de los pisos de segunda mano

Las reformas ganan protagonismo en el nuevo mercado inmobiliario en el que se venden, desde hace ya unos años, muchas más viviendas de segunda mano que nuevas. Y en el que se alquiler de pisos y casas, más que nunca, tanto de larga temporada como en alquiler turístico. Así, siete de cada diez viviendas usadas que se venden en España están reformadas, lo que garantiza una revalorización media del 20% (cuando se trata de una reforma integral con un coste medio de 50.000 euros para un piso de 90 metros cuadrados). Este escenario en el mercado inmobiliario con el empuje en la venta de pisos de segunda mano, ha contribuido a potenciar el gasto familiar en reformas. En el último año aumentó en un 5,2%, hasta alcanzar una media de 829 euros por hogar, según el Observatorio 360º de la Vivienda y la Reforma en el Hogar, realizado por Arthursen para la Asociación Nacional de Distribuidores de Cerámica y Materiales de Construcción (Andimac). Desde 2013, año en que la reforma empezó a remontar, el gasto de las familias en mantenimiento y reforma de los hogares ha crecido un 18,2%. Los españoles invierten en materiales y equipamiento: puertas, tarimas, sanitarios, grifería, muebles y accesorios de baño, electrodomésticos y muebles de cocina.

Con el tirón en las ventas de los pisos y casas de segunda mano (112.016 viviendas en el primer trimestre, el 91,2% de todas las transacciones realizadas en este periodo), actualmente las reformas suponen el 80% de la actividad del sector de la construcción, pues solo el 15% de los materiales se destinan a la vivienda nueva. Así, el sector mueve un volumen de negocio de más 15.200 millones de euros y se espera que en 2018 alcance los 16.185 millones. No obstante, estas cifras todavía están muy lejos de los niveles previos a la crisis, pues entre 2006 y 2015 el gasto familiar en reforma descendió un 35%. Y también distan del presupuesto que manejan los vecinos europeos. “La reforma no se encuentra entre nuestras prioridades a pesar de que el 80% de las viviendas en nuestro país se tienen en propiedad. Esta mentalidad se aprecia claramente en que los hogares dedican al mantenimiento de su vivienda poco más del 3% de su presupuesto, mientras que destinan más de un 5% a idéntico cometido en el coche”, indican los responsables del informe. Y aseguran que si los propietarios aumentasen solo un 1% su gasto anual en reformas y mantenimiento del hogar -270 euros de media por familia-, los ingresos del sector de la reforma crecerían en 5.000 millones de euros.

Las familias de Castilla y León, Baleares y Comunidad Valenciana fueron las comunidades que, en valores absolutos, más gastaron en reformar sus viviendas el pasado año. En concreto 1.049 euros, 1.004 euros y 975 euros de media, respectivamente. En el extremo opuesto se situaron País Vasco y Canarias, con una media de 655 euros y 696 euros, respectivamente.

Andimac cree necesario concienciar no solo a los propietarios, sino también a las administraciones públicas de que tienen en la reforma una palanca para la recuperación económica más allá del turismo, el sector del automóvil y la construcción entendida como pura especulación. Para ello, dicen, consideran imprescindible recuperar la deducción de IRPF por rehabilitación de vivienda habitual en el tramo estatal y autonómico. “Esta deducción se eliminó en 2013, en plena época de recortes, cortando a la vez las alas a la reforma y mejora de los hogares. Una vez que la recuperación ha llegado es momento de recuperar incentivos para impulsar la reforma y la rehabilitación, así como concienciar a la sociedad de la importancia de tener su hogar en buenas condiciones”, que pese a las actuales ayudas no despega. Igualmente, Andimac plantea la integración de la reforma en el Plan Estatal de Rehabilitación, Renovación y Regeneración urbana para apoyar la reforma interior de viviendas bajo criterios de accesibilidad, ahorro energético, seguridad y salubridad.

A su vez, propone impulsar la creación del Código Técnico de la Reforma (CTR) que, al igual que el Código Técnico de la Edificación (CTE), marque las pautas por las que debe regirse la reforma desde el punto de vista técnico y constructivo y cubra el vacío que deja el CTE, que solo se dirige a la vivienda nueva. Por último, también sugiere la creación de la figura troncal del Asesor Técnico en Reforma, una figura imparcial e independiente que coordine todo el proceso de reforma de manera profesional y que, además, audite que esté bien realizada.

Así, en este mes de junio que finalizamos, se cumplen 4 años desde la llegada del certificado de eficiencia energética para los edificios. Este documento, obligatorio para las nuevas construcciones y para vender y alquilar viviendas, cataloga los inmuebles en función de la energía consumida (y de las correspondientes emisiones) y les asigna una letra que refleja su eficiencia: “A” es la mejor calificación y “G” la peor. Pese a esta efeméride, España sigue suspendiendo la asignatura: más del 80% de los inmuebles existentes se mantienen entre las letras “E” y “G”, según los últimos datos del Ministerio de Industria. Y, lo que es peor, solo unas 3.000 fincas han pasado el examen con la nota más alta.

No es poca cosa, considerando que el parque residencial es responsable del 17% del consumo final de energía, de acuerdo con el Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDAE). Jordi Bolea, gerente de la Fundación La Casa que Ahorra, explica que estas calificaciones tan bajas se deben a que se en España se ha edificado sin preocuparse por la eficiencia energética durante mucho tiempo. “Antes no se pensaba ni en ahorrar, ni en contaminar menos”, apunta. En la segunda mitad de los 2000, cuando los legisladores tuvieron que abrir los ojos y poner el problema encima de la mesa, el daño estaba hecho: la casi totalidad del parque de viviendas ya había sido construido.

Ahorro energético de hasta un 60%, de las ventanas al techo

Pero no está todo perdido: aprovechar una reforma para aumentar la eficiencia o realizar mejoras puntuales pueden suponer un salto de calidad, tanto para el bolsillo como para nuestro estilo de vida. “Aunque no parezca, la vivienda es un elemento muy sofisticado y nadie nos explica cómo utilizarlo”, sentencia Bolea, quien garantiza que se puede alcanzar un ahorro energético superior al 60% tras la rehabilitación y en función de las características de la casa. Pero, ¿por dónde se empieza?

Las viviendas, a nivel de eficiencia son más un coladero que a una fortaleza. Las ventanas pueden causar la pérdida de hasta un 30% de la energía del hogar; por los muros se llega a escapar un 25% y por el suelo un 2%, según Danosa, empresa especialista en soluciones integrales para la construcción sostenible. Un piso de 90 metros cuadrados con calificación energética “G” gasta al año 1.296 euros, cinco veces más que un hogar con las mismas características y letra “B”, de acuerdo con Certicalia, comparador online de precios de certificación energética.

Alberto Murcia, vicepresidente de la Asociación Empresarial de la Gestión Inmobiliaria (AEGI), dice que una vivienda con fugas y aislamiento deficiente “es como una bicicleta con un agujero en la cámara de aire”. Aconseja utilizar cámaras termográficas para saber por dónde se escapa el calor. “Si, por ejemplo, una ventana está en rojo, significa que por ahí hay un problema”. Una vez realizada la auditoría, hay que ponerse manos a la obra.

Rocío Amo, experta en eficiencia energética de Certicalia, explica que los elementos que habitualmente deben intervenirse son las instalaciones térmicas, la envolvente del edificio, las ventanas, balcones, lucernarios y los puentes térmicos (aquellas zonas donde cambia la uniformidad de la construcción y que causa pérdidas de calor). “La decisión de realizar una rehabilitación y el momento en el que llevarla a cabo depende mucho de los materiales de nuestra vivienda, de la calidad de las instalaciones e, incluso, de la instalación de sus elementos”, sentencia. Javier Hernández, arquitecto de GAHECOR y ponente de Anerr (Asociación Nacional de Empresas de Rehabilitación y Reforma), explica que, si la mejora energética de la vivienda se realiza en el marco de una reforma integral, el coste no será tan elevado. “Para una obra entre 30.000 y 40.000 euros, el presupuesto se encarecería entre un 10% y un 20%”, detalla. “Para un piso de 90 metros cuadrados, se traduciría en unos ahorros anuales de entre 500 y 600 euros”.

De cara a los resultados, hay que considerar también cuál es nuestra situación de partida. Hernández comenta que la renovación de todos los “puntos débiles” de la vivienda en cuanto a consumo energético puede conseguir que la vivienda gane dos letras en el certificado energético. “Pero subir de la “C” es casi imposible para un piso, salvo se desembolse una cantidad importante de dinero”. Bolea subraya que, si la vivienda es anterior a los años ochenta, la reforma puede brindar un ahorro energético de entre el 30% y el 80%, si es posterior reduce el gasto entre un 30% y un 60%. “Pero hay un intangible que es el confort, que se amortiza desde el primer día. Además, en el 80% de los casos el aislamiento térmico es también acústico”, recuerda.

  • Ventanas. Esta es la actuación más sencilla y eficaz, al ser rápida y tener resultados inmediatos. Bolea recomienda instalar, como mínimo, un doble vidrio que tenga rotura de puente térmico, y privilegiar siempre las ventanas batientes a las correderas. Como material, lo mejor sería PVC, y en cuanto a cristales los bajo emisivos, que evitan que se pierda el calor de la vivienda pero permiten a la vez la entrada de la luz. Tampoco hay que olvidarse de aislar la caja de las persianas. Si tenemos ventanas antiguas de madera y nos da pena sustituirlas, se pueden usar burletes para mejorar su aislamiento. En el caso de una vivienda en bloque de 90 metros cuadrados, esta actuación saldría por unos 4.000 euros, detalla Hernández.
  • Paredes. Existen diferentes técnicas para proceder, que dependen del tipo de vivienda y de sus características de construcción. Una opción (válida si la obra la lleva a cabo la comunidad de vecinos o tenemos una casa unifamiliar) es aprovechar la renovación de la fachada para aislarla. “Es cómodo, el edificio queda como nuevo y hasta puede revalorizarse en entre un 5% y un 7%”, garantiza Bolea. En alternativa, se puede proceder mediante la técnica de insuflado, que consiste en inyectar material aislante en la cámara de aire de la envolvente del inmueble. “Ambos métodos, para una vivienda en bloque de 90 metros cuadrados, rondan los 3.000 euros”, dice Hernández. El inconveniente de este último sistema es que está condicionado a la existencia de una cámara de aire, que no tienen todos los edificios. Si ninguna de las dos opciones anteriores es viable, existe la posibilidad de colocar un sistema de trasdosado, es decir abrigar las paredes interiores con material aislante. “El coste suele oscilar entre los 80 y 130 euros por metro cuadrado, pero depende mucho del número de ventanas y puertas que tenga la vivienda, cuantas más haya, más laborioso es el trabajo”, dice Bolea. La gran pega de este sistema es que se pierde espacio en la vivienda, ya que el aislamiento puede llegar a ocupar varios centímetros.
  • Techos y suelos. Estos dos elementos pueden suponer un problema si el piso está ubicado en el extremo de la finca o si trata de una vivienda unifamiliar. Para los techos existe la posibilidad de aislar la cámara de aire o colocar un falso techo con aislante térmico por encima. En cuanto a los suelos hay que tener cuidado: el aislamiento conlleva la pérdida de unos centímetros, lo que podría obligarnos a cortar el fondo de las puertas para equilibrar el desnivel. En el caso de un ático de 90 metros, ejemplifica Hernández, aislar tanto las paredes como el techo tendría un coste total aproximado de 6.000 euros.
  • Humedades y tuberías. Las humedades son un problema habitual que afecta a la climatización. “Para prevenirlas debe instalarse el correcto aislamiento e impermeabilizar las cubiertas”, mantienen en Habitissimo, portal que pone en contacto clientes con expertos en el sector de reformas y servicios para el hogar. Explican que impermeabilizar una terraza de nueve metros cuadrados rondaría los 1.000 euros. Además, para que no se derroche energía por el camino, el IDAE aconseja instalar material aislante térmico en las tuberías de agua caliente o fría para evitar pérdidas de calor y posibles condensaciones en las conducciones.
  • Aire acondicionado, caldera y radiadores. En este caso no se trata de verdaderas reformas, pero estos aparatos tienen un peso específico importante en el gasto energético. La calefacción es lo que más consume y el aire acondicionado es unos de los vampiros eléctricos más temibles durante los meses de verano. El primer consejo es fijarse en la etiqueta energética y escoger aparatos eficientes. Hernández aclara que el precio de una caldera de condensación está entre los 1.500 y los 2.000 euros. “Además, es recomendable hacerse con un buen termostato, que vale entre 100 y 200 euros. Con estas mejoras se logra ahorrar un 15% en la factura“, asegura. Murcia recuerda también la importancia de aislar los radiadores. “Los ponemos debajo de las ventanas por una cuestión estética, cuando en realidad de se trata de un buen sitio. Es recomendable colocar por detrás unos paneles aislantes para evitar que el calor salga a la calle”.

Pero antes de iniciar la reforma o rehabilitación de una vivienda, lo primero que hay que hacer para mejorar la eficiencia energética es una auditoría de nuestros usos y costumbre. Para empezar, según Jordi Bolea, gerente de la Fundación La Casa que Ahorra, “solo con un cambio de hábitos se puede llegar a reducir el uso de energía en un 20% o 30%“, asegura. Alberto Murcia, vicepresidente de AEGI, recuerda que, para no derrochar energía solo son necesarios unos pequeños gestos. Por ejemplo, mantener la temperatura adecuada (que en invierno no tiene que superar los 21 grados y en verano los 25), aprovechar la luz natural, no abrir el horno mientras está funcionando, regular el caudal de agua, asegurar el mantenimiento de los equipos y evitar que se queden en stand-by o apostar por dispositivos eficientes.

Fuente: elpais.com

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