Anuncios inmobiliarios en las calles

Basta recorrer cien metros de cualquier barrio para toparse con media docena de anuncios que en otras épocas poblarían las páginas de Clasificados de los diarios. Tiene sentido, pues podrían funcionar de forma complementaria a los carteles de ‘Se vende‘ de los balcones.

Tras la debacle del sector de ladrillo hoy es posible comprar o alquilar un piso en cualquier portal de cualquier ciudad española y la publicidad de pago no está al alcance de todos.
Anuncios inmobiliarios en la calle
Sin embargo, en las clásicas marquesinas y señales de tráfico se ha pasado del familiar ‘Se comparte habitación en el barrio’ a servicios más sofisticados y profesionales no tan habituales hasta estos días como de improvisados tasadores que se ofrecen “con seriedad y profesionalidad. Llámenos“, a comisionistas donde le “gestionamos la venta de su piso” y, no sin sorpresa, inversores privados con liquidez para “pisos económicos para reformar“.

Sancionables

Hace tres años, todas ellas llenaban los faldones de los diarios, hoy pueblan insospechados lugares como los tablones de las iglesias, y supermercados, polideportivos y centros culturales y, por supuesto, la calle, donde particulares y empresas (cada vez más) se arriesgan a una sanción municipal por usar la calle a su antojo.

En Madrid, donde los tijeretazos en los presupuestos de limpieza auguran una larga estancia a los reclamos, la publicidad callejera de baja intensidad se sanciona con multas de hasta 750 euros, según la ordenanza municipal de 2009 que regula la publicidad exterior.

En Barcelona, por su parte, la sanción puede llegar a 1.500 euros si el consistorio estima que se hallan en “espacios, edificios e instalaciones municipales” destinados a la prestación de servicios y hasta 3.000 si dichos espacios se consideran monumentos o están protegidos.

En estos anuncios cada vez se ven más logotipos de empresas y teléfonos de ‘sólo horario de oficina‘, una variante del márketing de guerrillas que no es aconsejable para mantener la imagen de las empresas, “aunque se trate de la inmobiliaria del barrio”. La duda surge, entonces, cuando hay que decidir entre una buena imagen o echar el cierre.

Fuente: elmundo.es

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