Fallece el fundador de Ikea, Ingvar Kamprad, dejando un gran legado empresarial

El fundador de Ikea fallecía el pasado sábado “en calma y rodeado por sus seres queridos”, según una nota de la empresa. En su casa de Småland, lugar donde creció y vivió durante su infancia y, donde inició la persecución del sueño que llegó a alcanzar. Ingvar Kamprad deja un legado empresarial que se dicta por la funcionalidad y la eficiencia de los productos cotidianos, sin duda, una revolución que ha encajado a la perfección en la sociedad actual.

Aunque se había mantenido alejado de la junta directiva estos últimos años, era considerado como el ideólogo que todavía influía en las grandes decisiones de la compañía. Pese a que el valor de su empresa no ha cesado de ascender, Kamprad dejó de ocupar los puestos principales de los más ricos hace años. La revista ‘Forbes’ lo achaca a que, teniendo en cuenta el gran entramado financiero que tenía entre manos, resultaba complicado separar su fortuna, la de sus tres hijos y la de su fundación en Liechtenstein. No fue, por tanto, el resultado de un cambio drástico de hábitos, sino todo lo contrario: el millonario se mantuvo fiel a su leyenda.

Llevaba años retirado en su encantadora casa de Småland (sur de Suecia), una vivienda sencilla en la que se había permitido un único lujo: una piscina donde antaño cerraba acuerdos comerciales con los proveedores. “No vuelo en primera clase, y los ejecutivos de las tiendas tampoco”, sentenciaba a menudo Feodor Ingvar Kamprad (Suecia, 1926). Compraba ropa de mercadillo, se alojaba en hoteles baratos y no le importaba adquirir productos a punto de caducar.

Fue uno de los cada vez más escasos mil millonarios construidos a sí mismos, en su caso obsesionado por la democratización del diseño y la eficiencia, no por una vida de lujo y ostentación. Nacido en el seno de una familia pobre, con cinco años vendía cerillas, semillas y bolígrafos a sus vecinos y con solo 17 años fundó la empresa uniendo sus iniciales (I.K.), con las dos primeras letras de Elmtaryd y Agunnaryd, la granja y el pueblo donde creció. En un principio contaba con proveedores locales, y tras seis años fue capaz de lanzar su primer catálogo (1951). Autodidacta en diseño, la primera exposición de muebles la abrió en Älmhult (Suecia) en 1953 y la primera tienda, en 1958.

Su personalidad era tan característica que Malcom Gladwell, uno de los mayores divulgadores de la sociología del trabajo, asegura que su éxito se debe a un rasgo por lo general bastante impopular. Se refiere a la capacidad para no estar preocupado de si la gente de tu alrededor piensa que estás loco. “Son personas dispuestas a asumir riesgos sociales, a hacer cosas que otros podrían criticar. La sociedad frunce el ceño ante lo desagradable. Como seres humanos, nos sentimos obligados a buscar la aprobación de los que nos rodean. Por eso, un pensamiento radical y transformador no llegará a ninguna parte sin la voluntad de desafiar ciertas convenciones”.

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