La vivienda, origen del 19% de CO2 ¿Cómo reducir la contaminación desde casa?

Los mandatarios del planeta, desde la Cumbre de París en 2015, se han propuesto reducir las emisiones de CO2 y otros gases contaminantes que vertimos a la atmósfera y frenar el calentamiento del planeta que avanza sin freno. Hablan de grandes cambios políticos y energéticos que logren reducir a menos de dos grados centígrados la subida de la temperatura global. Pero al margen de los necesarios y urgentes cambios estructurales e industriales los ciudadanos podemos con nuestro modo de vida provocar grandes cambios en este sentido. En torno al 19% de las emisiones de gases contaminantes europeas son de origen doméstico, es decir, las generamos en nuestras viviendas a diario. En el caso español, la cifra ronda el 18,5 según los cálculos de Eurostat. Reducirlas es en muchos casos fácil, además de beneficioso para el bolsillo de las familias.

El objetivo es reducir la huella de carbono en el consumo de energía en cada vivienda. Un hogar medio consume 3.500 Kilovatios/hora al año. Según su fuente, si se genera con energías renovables, como fotovoltaica o mini eólica, evidentemente las emisiones caen en picado y se podrían reducir hasta en un 80% según los expertos. “Las posibilidades de ahorro de emisiones en los pisos y casas son enormes”, explica Rodrigo Irurzun, técnico en eficiencia energética Ecooo, que aconseja instalar en las casas un medidor de consumo eléctrico, que permite saber cuánto se gasta. “Solo con ponerlo, la gente ya empieza a ser consciente y a ahorrar”.

El sector residencial acapara el 18% del consumo total de energía del país es responsable entre el 18%-19% de las emisiones, porcentaje que alcanza el 12% en los edificios comerciales e institucionales, de acuerdo con el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Con la Cumbre de París encima de la mesa (cuyo objetivo principal es lograr que el aumento de la temperatura media global se quede por debajo de los dos grados centígrados) y a la luz de las políticas europeas, que prevén reducir la emisión los sectores difusos (los que generan emisiones gases de efecto invernadero) en un 10% para 2020 y en un 30% en 2030 con respecto a 2005, donde las viviendas también están están en el ojo del huracán.

La directiva europea de eficiencia energética impone que todos los edificios que se construyan a partir de 2020 dispongan de una etiqueta de consumo energético casi nulo, un concepto que España, junto con otro puñado de Estados miembros, todavía no ha definido en detalle. Pero no es suficiente con edificar bajo nuevos criterios. “Hay una gran masa de viviendas construidas entre los años 60 y 70 sin ningún tipo de control”, alerta Jaime Santa Cruz, profesor de la Escuela Técnica Superior de Edificación de la Universidad Politécnica de Madrid. ¿El resultado? Coladeros: más del 80% de los edificios y sus respectivas viviendas están entre la letra “E” y “G” del certificado de eficiencia energética, que cataloga los edificios según la energía consumida en una escala donde “A” es la mejor calificación y “G” la peor. Es decir, derrochan mucho y contaminan más. Estos son algunos de los rincones de la casa y algunas actividades diarias que, con ligeras modificaciones podrían provocar un cambio radical en la huella de carbón que cada familia deja a su paso.

  • Electricidad. Apagar las luces compensa casi siempre. Pensar que se gasta menos dejando la luz encendida por el gasto que se produce al encender y apagar es un mito, indican los expertos. En cuanto a las bombillas, son más eficientes las de Led o bajo consumo que las incandescentes o las halógenas. Las bombillas incandescentes solo aprovechan un 5% de la electricidad que consumen, ya que pierden el resto en forma de calor, según los cálculos que ofrece el Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM) a través de su programa Hogares Verdes. Un clásico es dejar la televisión o el router del wifi en stand by, es decir sin apagar del todo. Es lo que se conoce como “consumo fantasma” y que supone hasta un 15% del gasto que produce el aparato encendido, según el CENEAM. Es un gasto innecesario que se puede solucionar fácilmente comprando una regleta con varios enchufes y un interruptor para apagar y encender.
  • Cocina. Las cocinas vitrocerámicas y el horno se pueden apagar varios minutos antes de terminar de cocinar para aprovechar el calor. Cuando se hierva algo, es importante poner una tapadera para aprovechar el calor y no dejarlo escapar y permitir que el líquido rompa a hervir mucho antes. El CENEAM calcula que poner la tapa puede suponer un ahorro del 65% de la energía.
  • Alimentos. Conviene fijarse en qué comemos y sobre todo de dónde procede lo que nos llevamos a la boca. Un producto que ha viajado 3.000 kilómetros hasta llegar a la mesa ha generado muchas más emisiones en el transporte que un producto fresco y cultivado a la vuelta de la esquina. Además, cuanto más empaquetados estén los alimentos, más energía habrá sido necesaria para producirlos y más gases contaminantes se habrán emitido en el proceso. La huella de carbono de las legumbres o vegetales es mucho menor que la de la carne. “La alimentación es un componente fundamental en la huella de carbono y es a menudo la más olvidada”, indica Javier Andaluz Prieto, responsable de Cambio Climático de Ecologistas en Acción.
  • Electrodomésticos. Es importante que tengan la etiqueta energética que informa sobre su consumo. Con la lavadora por ejemplo, el gasto energético dependerá en buena medida de la temperatura del programa. Lavando en frío o como mucho a 30º se ahorra mucha energía, ya que entre el 80 y el 85% del consumo de energía de una lavadora se emplea en calentar el agua. Los programas cortos de lavado gastan menos que los largos. En el caso de los frigoríficos, conviene deshacerse de los antiguos y en cualquier caso asegurarse de que no se superan las temperaturas mínimas (5º para la nevera y -18º para el congelador). Cuanto más grande sea el frigorífico, más consume. Descongelar los alimentos en la nevera en lugar de en el microondas también ahorra energía. Para las televisiones, las pantallas con tecnología LED consumen en torno a un 40% menos que las de LCD.
  • Agua. A menudo, el caudal de agua de los grifos de las casas es más potente de lo necesario. Instalando reductores de presión en los grifos, que se compran en la ferretería y son muy baratos se puede disminuir en buena medida el caudal de agua. Esta técnica supone un ahorro importante sobre todo en el caso del agua caliente.
  • Calefacción. Ir en manga corta en invierno en casa no ayuda a reducir emisiones. Lo ideal es programar la calefacción para que se encienda una o dos horas antes de que lleguemos. El aislamiento es fundamental para mantener el calor en la casa, pero en cualquier caso, las casas tienen una huella de carbono mayor que los pisos debido a la pérdida de calor. Las puertas y ventanas deben tener buenos burletes para evitar la fuga de calor y la entrada de frío. Entre un 25 y un 30% de las pérdidas de calor en una vivienda se producen en las ventanas, según indica el CENEAM. Lo ideal es tener ventanas con doble cristal y por eso es importante instalar ventanas con doble cristal y carpinterías con rotura de puente térmico. Durante la noche, es bueno bajar las persianas e instalar cortinas gruesas, que ayudan a mantener la temperatura, que no debe superar los 20-23 grados. Durante el día, es aconsejable aprovechar al máximo la exposición al sol. Cada grado de temperatura de más supone un incremento de energía del 10%. Ventilar la casa no es malo, pero sin pasarse. Diez minutos bastan para que se airee, a partir de ahí, en invierno se enfriará y habrá que volver a calentarla. Las calderas antiguas conviene sustituirlas por nuevas, sobre todo si tienen más de 10 o 12 años.

Rehabilitar no es poner parches

Más que un gasto, rehabilitar los edificios para mejorar la eficiencia energética es una inversión. “Se estima que, partiendo de una letra “F”, se puede llegar a ahorrar entre el 70% y el 75% en la factura energética solo con un buen aislamiento, aparte el mejor confort que se va a conseguir”, asegura Carlos Castro, arquitecto y técnico de aislamiento térmico de Danosa. De los 25 millones de viviendas existentes, más de 10 se construyeron, sin ninguna lógica de eficiencia, antes de la primera normativa básica de edificación de 1979, y solo menos de un millón y medio se levantó cumpliendo los requerimientos de eficiencia energética del Código Técnico de Edificación (CTE) aprobado en 2006 y revisado en 2013.

Las viviendas pierden energía por todos los lados: por las ventanas se puede escapar un 30%, un 25% por los muros y hasta un 2% por el suelo, según un análisis de Danosa. De acuerdo con un estudio presentado por el Centro Nacional de Energías Renovables (CENER), también encargado por la Fundación La Casa que Ahorra, habría que rehabilitar a una tasa de 300.000 viviendas al año con criterios de eficiencia que se ajusten al CTE de 2013, hasta superar los 12 millones de viviendas reformadas para 2050, para poder cumplir holgadamente con los objetivos medioambientales fijados por la Unión Europea a largo plazo.

Si entre 2010 y 2015 todas las obras de rehabilitación de fachada se hubieran llevado a cabo bajo criterios de eficiencia energética, se hubiera ganado en dinero y derrochado menos energía. Aunque el coste de la reforma hubiera sido 1,3 veces más caro que un simple lavado de cara, la mejora energética se hubiera incrementado en 6,7 veces, según un estudio elaborado por el Instituto de Tecnología de la Construcción (ITeC) para la Fundación La Casa que Ahorra. ¿A qué se corresponde? Según el análisis, la energía “desaprovechada” equivale a la necesaria para calentar todas las viviendas de España durante un mes. En dinero, se traduciría en 700 millones de euros, según el mix energético actual y sin criterios de potencia. Solo en gasto sanitario derivado de las malas condiciones de muchas viviendas, la rehabilitación crearía un ahorro para las arcas del estado entre 580 y 820 millones de euros.

El escenario objetivo dibujado por el ITeC de aquí a 2030 dibuja un sector residencial que podría alcanzar un ahorro económico de 7.548 millones de euros, equivalentes al PIB de ciudades como Albacete o Salamanca y al presupuesto de Madrid de casi dos años, y suficiente para satisfacer la demanda de calefacción de España durante un año entero. “En Europa, el gasto per cápita en rehabilitación es de 789 euros, en España son 303. Aunque el importe se duplicara todavía nos situaría por debajo”, subraya Licinio Alfaro, autor del estudio.

“Si se hicieran unos edificios sin pérdidas energéticas no habría necesidad de calefacción, apunta Santa Cruz, “pero son sistemas todavía muy caros y la gente no está concienciada: los parámetros para que está dispuesta a gastar son el acabado de suelo o ganar en superficie, no para que la casa sea más eficiente o respetuosa con el medio ambiente, y esto no se cambia en un día”, lamecenenta. Hasta que entre en vigor una normativa que imponga determinados requisitos para todas las viviendas, será muy difícil que los precios de mercado de los sistemas y equipos más eficientes se equilibren con la posibilidad económica de los consumidores. “Cuando haya una ley todo esto se abaratará, pero tiene que ser algo obligatorio”.

Fuentes: El País, Ministerio de Medio AmbienteCENEAM – Imagen: solarsostenible.org

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