El Estado ahorraría 560 millones si se rehabilitasen 1,5 millones de viviendas

¿Qué coste sanitario y laboral tiene para la Administración Pública la deficiente calidad de las viviendas? Por primera vez, la Fundación La Casa que Ahorra ha presentado un estudio que estima el impacto que tendría en la salud y en la economía española una mejora de las condiciones de los hogares a través de una rehabilitación energética. Extrapolando los datos a nivel nacional para el número de viviendas estudiado (1,5 millones), las conclusiones son contundentes, el Estado se ahorraría 560 millones de euros en servicios sanitarios y costes laborales. Y la economía familiar entre 580 y 820 millones de euros.

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Si se rehabilitaran energéticamente 1,5 millones de viviendas construidas en los años 60-80 sería posible evitar que unas 100.000 personas considerasen que tienen una salud mala o muy mala“, cita el estudio. Además, las familias podrían ahorrarse entre 400-500 euros anuales en sus facturas energéticas, lo cual redundaría casi en la mitad de los costes energéticos totales de la vivienda.

“Si bien es cierto que existen numerosos estudios que refrendan que unas malas condiciones en el hogar (temperatura fría en invierno o altas temperaturas en verano, humedades, mala calidad del aire interior y ruido) ocasionan problemas en la salud (principalmente enfermedades respiratorias y cardiovasculares), hace falta profundizar en el porcentaje de mejora que desde el punto de vista cuantitativo tendría sobre la salud la eficiencia energética“, ha destacado Jaume Salom, director de Energía Térmica y Edificación en IREC (Instituto de Investigación en Energía en Cataluña), entidad encargada de este estudio. Y es que, a nivel europeo alrededor del 15% de viviendas tienen problemas de humedades, el 10% de hongos y el 22% padecen las consecuencias del ruido.

En este contexto, el IREC ha evaluado cuál sería el impacto económico, sanitario y energético de una mejora energética sobre el stock de viviendas en España (excepto las ciudades de Ceuta y Melilla) potencialmente vulnerables y que, por tanto, no pueden garantizar las condiciones adecuadas de temperatura con sistemas de calefacción. Para ello, y teniendo en cuenta que el 55% de las viviendas están construidas antes de 1980 y el 30% en el periodo comprendido entre la década de los 60 y 80, se ha identificado aquellos hogares que gastan más del 10% de sus ingresos en energía (sufren de pobreza energética). En total 1,5 millones de viviendas o, lo que es lo mismo, el 8% del parque residencial español.

Estudiado el stock de vivienda sobre el que hipotéticamente se debería actuar, el IREC también realiza una radiografía de la salud atendiendo a diferentes indicadores como son las pirámides de edad (en dos tramos: de 24 a 64 años y mayores de 65), el estado de la salud autopercibida (o cómo es valorada por los propios españoles según la Encuesta Europea de Salud en España de 2014) y los tramos de ingresos anuales netos del hogar. Así, el 11% del grupo de edad de 24 a 64 declara que su salud es mala o muy mala, porcentaje que sube a 25% para mayores de 65 años. A través de la identificación de enfermedades asociadas a las malas condiciones en la vivienda, el estudio desvela que el 50% de la población de personas mayores de 65 años presenta algún tipo de enfermedad cardiovascular, mientras que un 10% tiene alguna enfermedad de alergia crónica.

Otro indicador estimado por el IREC es la Tasa de Mortalidad Adicional en Invierno (TMAI), basado en las Estadísticas de Defunciones de los años 2013 y 2014. Tomando como referencia un estudio europeo, “sorprende que los países del arco mediterráneo, que teóricamente tienen temperaturas más benignas, presentan una mayor TMAI, relacionado con la baja eficiencia energética de sus edificios y sus condiciones de temperatura interior”, ha explicado Jaume Salom. Si nos centramos en España, “se estima que el número de MAI está alrededor de 7.000, en base al estudio realizado por la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) que relaciona la TMAI con los grados-días de calefacción”. En este sentido, a menor grados/días de calefacción la TMAI es mayor, por ejemplo en comunidades como Andalucía, Murcia y Comunidad Valenciana. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) también cifra que el 30% de las MAI está asociada a temperaturas frías en nuestro país, con 7.332 muertes al año, de las cuales 647 se atribuye a menores de 65 años.

En relación al impacto económico, con una inversión de 10.866 euros por vivienda con una rehabilitación pasiva (mejora de la envolvente de la vivienda) y 12.303 euros por vivienda con rehabilitación activa y pasiva (cambios en los sistemas de calefacción), la salud mala o muy mala autopercibida por la población mayor de 65 años se reduciría de un 24,9% a un 14,7%, mientras que las probabilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares se reducirían de un 50,6% a un 38,8%. Con todo, y a falta de datos menos conservadores, más difícil sería prever la reducción de las muertes adicionales de invierno debido a las condiciones de la vivienda.

La Administración también haría caja: unos 370 euros por vivienda. Para el sistema sanitario el ahorro en visitas hospitalarias y medicamentos sería de 150 euros por vivienda y la reducción de los costes en cuanto a bajas laborales de aproximadamente 220 euros por vivienda. Ahorros para las arcas del Estado a los que habría que añadir el que tendría en el usuario final en gastos energéticos: variaría entre 380 y 547 euros por vivienda en función de la rehabilitación acometida.

Fuente: elmundo.es

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