Ciudades que se salvan de la sangría demográfica: las áreas metropolitanas siguen creciendo

La crisis económica trajo consigo otra, la demográfica: España pierde población desde 2012 porque se va más gente del país de la que llega. A pesar de la huida, la caída de población no afecta a todos los municipios por igual. De hecho, hay ciudades por toda España que siguen creciendo a buen ritmo, sobre todo en el área metropolitana de Madrid, desde Arroyomolinos o Getafe a San Sebastián de los Reyes. A la cabeza de todas ellas está Rivas-Vaciamadrid, que, en plena sangría poblacional, ha ganado 6.029 vecinos entre 2012 y 2015, según el padrón municipal del INE. Por contra, todas las capitales de provincia pierden población, excepto Melilla, Almería, Málaga, Vitoria, Girona y Ceuta.

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Uno de los motivos de esta migración hacia las áreas metropolitanas nos lo da Irene Fernández, de 35 años: “En cuanto supimos que estábamos embarazados, decidimos mudarnos”. Por el mismo dinero con el que ella y su pareja pagaban un piso de alquiler en el popular barrio madrileño de Villaverde, se trasladaron en mayo de 2012 a un chalé en Rivas Vaciamadrid, a 15 kilómetros al sureste de la capital. “Buscábamos mejor calidad de vida, espacios verdes y buenos colegios para nuestro hijo. En la ciudad, al final, estás rodeado de todo y de nada”.

Durante años, los municipios metropolitanos de grandes ciudades fueron creciendo al calor del boom del ladrillo y de la mano de parejas jóvenes (procedentes de la gran ciudad, de otras comunidades o, desde el año 2000, de otros países) que, además, tenían hijos que aumentaban otro poco el padrón. Rivas es un ejemplo de libro: en 1981, cuando empezaron a construirse allí las primeras promociones de cooperativas de viviendas impulsadas por sindicatos, era un pequeño pueblo de 653 habitantes. Dos décadas después, en 2001, su censo se había multiplicado por 50 (con 32.228 vecinos) y en los tres lustros siguientes, por 2,5 hasta los más 81.000 actuales. “Su edad media es de 34 años, con una tasa de natalidad muy alta”, señala Curro García Corrales, portavoz de Gobierno municipal.

Lo llamativo es que el proceso, aunque tal vez ralentizado, no se ha detenido con la crisis. De hecho, Rivas es el municipio de España que más ha aumentado en términos absolutos desde 2012, y también es la ciudad de más de 50.000 con la tasa de crecimiento más alta (7,9%). Y no es la única localidad con gran resistencia demográfica, sino que hay muchas otras ciudades “resilientes”, como las llama el catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Cantabria Pedro Reques. Muchos municipios metropolitanos siguen recibiendo población “probablemente procedente de las grandes ciudades cercanas (Madrid, Barcelona, Sevilla), que pierden habitantes de forma generalizada”, señala Ricardo Méndez, experto en demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Las capitales de provincia pierden población

población-tablacapitalesAsí, Dos Hermanas recogería población de Sevilla (que ha perdido 8.000 habitantes), Sant Cugat del Vallès, de Barcelona (16.388 menos); o Arroyo de la Encomienda, de Valladolid (7.596). La ciudad de Madrid ofrece las cifras mayores: perdió 91.500 empadronados (2,5% menos) en 2015, una parte de los cuales ha alimentado sin duda el crecimiento de otros municipios de los alrededores. Hay ejemplos en cada una de las autovías de acceso a la capital: San Sebastián de los Reyes en la A-1 (3.478 vecinos más); Paracuellos del Jarama en la A-2 (2.411); en la A-3, Rivas (6.029); en la A-4 Valdemoro (2.539); Arroyomolinos y Getafe en la A-5 (4.370 y 3.641), y Las Rozas en la A-6 (3.130).

Pero, ¿por qué estos municipios y no otros? No es fácil trazar los elementos comunes que les convierten en ciudades “resilientes”, sin embargo, el profesor Reques señala que estas suelen compartir una serie de características como “una apuesta por la diversificación y por la mejora de la productividad (sea cual sea el sector, incluido el primario), buenas comunicaciones de transporte, un mayor nivel socioeducativo y un sistema urbano-metropolitano más consolidado”. En el caso de los municipios madrileños, comparten, además, extensas zonas de chalés. Unas viviendas unifamiliares que son la perfecta imagen de una forma de vida más tranquila, más acomodada y familiar. Esa que buscaban Irene Fernández y su familia cuando se mudaron a Rivas.

La atracción de la industria y el particular caso de Melilla

Torrevieja ha perdido nada menos que 15.000 habitantes desde 2012 (un 14%). Calpe, en la otra punta de Alicante, ha perdido 8.010 (-27%). Son, según el investigador del CSIC Ricardo Méndez, los síntomas más claros del lastre demográfico que ha supuesto el monocultivo del turismo en tiempos de crisis. Sin embargo, el experto señala también otras ciudades más grandes, como Almería, Málaga o Arona (Tenerife), donde la industria del turismo se complementa con mercados de trabajo más diversificados, y cuya población ha crecido. Méndez, además, insiste en la vinculación entre industria y atracción demográfica. El Ejido (con agroalimentación), Jerez de La Frontera (vinícola) o Vitoria (con todo tipo de industria) serían tres ejemplos. Esta última es la única capital de provincia, de las cuatro que han crecido desde 2012, que no pertenece a una región costera; las otras son la ya mencionadas Almería y Málaga, además de Girona.

Las dos ciudades autónomas españolas sí han ganado población en estos años. Ceuta lo ha hecho de forma insignificante: 245 vecinos más, un 0,3 %. Pero Melilla mucho más: ha ganado un 5,9%, es decir, 4.782 habitantes que significan el segundo crecimiento más alto de España en términos absolutos, solo por detrás de Rivas Vaciamadrid, y que eleva su censo hasta los 85.584. Unas cifras que merecen mención aparte porque eso ocurre pese a unas condiciones geográficas muy adversas: encajonados entre el mar y Marruecos, su densidad de población es de 6.958 habitantes por kilómetro cuadrado, 75 veces más que la media de España, y sufren desempleo del 31%, 10 puntos por encima de la media. La razón, según distintos trabajos, es una mezcla entre presión migratoria, las tasa más alta de natalidad (19,3 nacimientos por cada 1.000 habitantes, 10 veces más que la media) y la más baja de mortalidad, con 5,7 defunciones por cada 1.000 habitantes.

Fuente: elpais.com

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