Pisos en alquiler: el precio y la ubicación como prioridades de los estudiantes

universitariosEn septiembre comienza la migración anual protagonizada por miles de estudiantes que dejan su residencia familiar para comenzar el año académico en sus respectivas ciudades universitarias. Antes, deben aprobar otra asignatura: encontrar una vivienda adecuada para el curso, un examen que no todos pasan con nota, y que, en algunos casos, ocupa gran parte del tiempo de los estudiantes que aprovechan el mes de agosto para dejarlo todo resuelto, aprovechando además que los precios de la vivienda en alquiler en España continúan bajando.

El regreso a las aulas está a la vuelta de la esquina y con él no sólo se está registrando un movimiento de estudiantes que están interesados en la búsqueda de pisos en alquiler, sino también de propietarios que están “a la caza” de futuros inquilinos de cara al nuevo curso académico, buscando una fuente de ingresos que les ayude a superar la aún maltrecha economía española. Además, a los cientos de miles de estudiantes españoles, se estima que cada año, 100.000 estudiantes extranjeros vienen a estudiar a España, todo un mercado para algunas ciudades españolas.

Así, el próximo mes comenzará la llegada de estudiantes a prácticamente todas las capitales de España, principalmente ciudades universitarias clásicas como Salamanca, Granada, Santiago, Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Sevilla, Valladolid, Zaragoza, Oviedo, Santander, Córdoba… Pero no todos los estudiantes universitarios buscan lo mismo a la hora de alquilar un piso: algunos buscan habitaciones en pisos compartidos, otros, con amigos y compañeros que han pasado por esa experiencia buscan pisos en alquiler de 3 habitaciones o más grandes de forma coordinada, mientras estudiantes de Masters se inclinan por estudios o pisos en alquiler de 1 habitación.

El precio

El alquiler de habitaciones es un recurso, sobre todo, durante el primer año que no se conoce bien la ciudad y se busca proximidad. En el caso de los estudiantes extranjeros muchos se encuentran cuando llegan a España con una amplia oferta de pisos compartidos, pero con precios que superan lo previsto. Por lo que se paga por una habitación en Madrid, en torno a los 350 euros de media, se podría vivir en ciudades como Albacete, en un piso de tres habitaciones y 85 metros cuadrados, o en Almería, en 90 metros y dos dormitorios. A lo que habría que añadir una cantidad para otros gastos, como luz, agua o gas, que se estima en 40 euros mensuales a sumar al precio de la habitación.

El precio medio de un piso en alquiler amueblado, de tres dormitorios y uno o dos baños, ronda aproximadamente sobre los 500 euros. El alquiler de una habitación se mueva en estos momentos en una amplia horquilla, que oscila entre los 130 y los 450 euros mensuales. En el caso de las residencias universitarias y colegios mayores, estos no están al alcance de todos los universitarios, ni de todos los bolsillos, rondando de media los 600 euros. El estudiante tiene todas las necesidades cubiertas, pero el precio que debe pagar mensualmente por ello es más caro, y se ha de cumplir con horarios y normas de cada centro, a veces muy estrictas.

La zona

El primer año, cuando los estudiantes desconocen la ciudad, prefieren pisos más cercanos a sus facultades y a las estaciones de tren, metro y autobús. Normalmente comparten vivienda con otros que también cursan su primer año o alquilan la habitación sin conocer a las personas que vivirán con ellos.

Sin embargo, para los más experimentados que llevan varios años viviendo en la ciudad, la búsqueda de un alquiler es diferente. La ubicación y la cercanía a la facultad, aunque sigue siendo importante, ya no es tan primordial. Prefieren otras ubicaciones de la ciudad y buscan pisos en alquiler en buen estado. Además, ya no buscan sólo la habitación, sino que la mayoría prefiere mudarse con amigos y directamente buscan un piso que esté completamente vacío.

Este es el caso de María del Mar Lucena, estudiante de Magisterio Infatil en Córdoba. Ella se irá a vivir con tres compañeras, procedentes de distintos puntos de la provincia, que conoció el curso pasado durante las clases. Su principal requisito a la hora de buscar el piso era el precio, “que el piso fuese económico”, y que las condiciones de la vivienda fuesen “las adecuadas. Salón y cocina sobre todo en buen estado y que sean amplios”, comenta la estudiante. “El estado del piso es algo que al principio me preocupaba menos, así como la relación con el casero, pero este año me he fijado más”. Ella y sus tres compañeras deberán de pagar 600 euros mensuales por el alquiler del piso (150 euros por persona). “El alquiler este año me cuesta un poco más barato porque una de mis compañeras conoce a la casera y nos ha hecho un pequeño descuento, ya que con la crisis los estudiantes también lo pasamos mal”.

Recomendaciones

La principal recomendación es llegar a un acuerdo entre el propietario y el inquilino, siempre con un contrato por delante. Que todo quede reflejado por escrito garantiza una serie de derechos a los que acudir en caso de una necesidad.

Negarse siempre a entregar una fianza o mensualidad de la habitación o el piso en alquiler sin que haya un papel de por medio en el que se especifique el acuerdo, con DNI y firma, tanto del propietario como de los estudiantes, y el recibo de la cantidad. Es la única forma de demostrar que el pago ha sido efectuado. La Unión de Consumidores también informa que el propietario del inmueble es responsable de los enseres que se rompan como electrodomésticos o muebles, excepto aquellas que se deterioren por uso.

Al margen de lo que establezca la legislación vigente, este régimen de responsabilidades debería de quedar claramente reflejado en el contrato. También se recomienda que antes de entrar en una vivienda alquilada debe constar un inventario de enseres, electrodomésticos y mobiliario. De igual modo conviene revisar que todo funciona correctamente y que está limpio, y posteriormente reflejarlo en el contrato. La regla usual es que los gastos de generales para el mantenimiento del piso los pague el arrendador.

Algunos estudiantes extranjeros prefieren recurrir a las agencias e inmobiliarias especializadas. Es el caso de Mari Cruz Zarco, de 21 años, que vive en Chicago (Estados Unidos), que decidió buscar piso en alquiler desde su país de origen para evitar problemas una vez hubiese aterrizado en Madrid, con la seguridad y las garantías que ofrecen empresas especializadas en el alquiler de viviendas“.

Estas agencias ayudan a los jóvenes a encontrar pisos y apartamentos en alquiler en Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia. Los precios son diferentes según la temporada. En los meses de menor ocupación estudiantil (julio y agosto) desciende en más de un 10% y los propietarios suelen aceptar estancias más cortas, incluso de un mes o dos, para que las habitaciones sigan ocupadas durante todo el año. No obstante, según estos profesionales, normalmente los propietarios prefieren contratos de más de un año de duración o como mínimo 10 meses en la temporada alta (septiembre a junio).

Becas Erasmus

Playas, cultura, vida social, buen clima, fiestas, amistad, sexo… Incluso amor. Estas son algunas de las experiencias que rodean la leyenda del programa Erasmus, la exitosa iniciativa europea que desde 1987 ha propiciado que alrededor de tres millones de estudiantes universitarios pasen una temporada en un país distinto al suyo. Entre los distintos tipos de becas para estudiantes extranjeros (en el caso de Erasmus unos 270.000), se estima que unos 100.000 necesitaron alquilar un piso para su estancia de estudios en España.

 Un buen ejemplo es Valencia, donde más de 3.000 estudiantes han pasado entre un año y seis meses en busca de estudio y diversión, constituyendo un buen sector de negocio. Es el caso de Besmir, un estudiante de Economía de 26 años natural de Perugia (Italia), que afirma entusiasmado que “Valencia es la ciudad perfecta para una beca Erasmus”. Aunque terminó las clases el pasado 6 de julio, se quedó de vacaciones unas semanas más. Cuenta que vino por primera vez en 2013 para visitar a un amigo que cursaba la beca y que su impresión coincidió con la fama que precedía a la ciudad: que se comía bien y que había mucha fiesta y mucha chica guapa. “¡Ahora lo puedo confirmar yo mismo!”, exclama antes de soltar una carcajada.

Según Carlos Pomer, jefe de la oficina de Relaciones Internacionales de la Universidad de Valencia, se ignora el potencial que guardan los más de 3.000 jóvenes que llegan cada año. “Es algo de lo que he intentado convencer a diferentes administraciones, pero no me hacen caso”, afirma con cierto tono sarcástico, para continuar: “Ojalá se diesen cuenta del valor que tienen unos chicos que vienen a aprender y a pasarlo bien, y que luego hablan de tu ciudad fuera y te traen a familiares y a amigos. Muchos se quedan, y son gente preparada. Y, si se marchan, acaban volviendo seguro”.

Fuentes: elpais.com y eldiadecordoba.es

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