Las segundas viviendas sin alquilar pagarán más impuestos

apartamentosenlaplayaHacienda parece estar dispuesta a dar mayor relevancia a los impuestos menos expuestos a los altibajos económicos en busca de mayor estabilidad a la hora de contar con ingresos recurrentes en materia de vivienda.

En este contexto y en relación a la reforma fiscal que prepara el Gobierno va imponiéndose la idea de incrementar la fiscalidad sobre la tenencia de vivienda, especialmente sobre segundas residencias que estén sin alquilar. Serían miles de viviendas, sobre todo en las zonas de costa y playa, las que se verían afectadas. Casas y pisos que en la mayoría de los casos, solo se habitan en periodos vacacionales o, si se alquilan, lo hacen de manera esporádica, y en muchos casos sin contrato alguno.

El problema surgió en el año 2008, que marcó el inicio de la crisis económica, cuando el PIB avanzó un 3,3% y, sin embargo, la recaudación tributaria del Estado se derrumbó un 13,6%. En 2009, el PIB nominal retrocedió un 3,8% y los ingresos fiscales cayeron en un porcentaje mucho mayor, un 17%. La reforma fiscal que aprobará el Gobierno pretende que el sistema tributario sea menos sensible al ciclo económico. Es decir, que un retroceso de la actividad no derive en un derrumbe de los ingresos públicos, un hecho diferencial de España respecto a la mayoría de países de la UE, donde la menor actividad no se tradujo en una caída tan drástica de la recaudación.

Actualmente los propietarios de segundas o más viviendas que no estén alquiladas sufren una imputación en el impuesto sobre la renta, incluyendo en su declaración el equivalente al 1,1% del valor catastral del inmueble o el 2% si la última revisión catastral si hizo con anterioridad a enero de 1994. Sobre el importe resultante se aplica el marginal que, en términos generales, puede ir del 24,75% hasta el 52% en función del nivel de renta del contribuyente.

El Ministerio de Hacienda modificará esta fórmula de tributación en la reforma fiscal y se plantean varias opciones. Desde elevar el porcentaje de imputación, hasta idear un sistema completamente nuevo para que el impuesto sobre la renta refleje el patrimonio de los contribuyentes. También, es previsible que se produzcan cambios en el impuesto sobre bienes inmuebles (IBI).

Detrás de estas recomendaciones subyace la evidencia de que los tributos que gravan la mera tenencia de viviendas han logrado soportar la crisis frente aquellos que se aplican sobre la compraventa. Un ejemplo de ello es el IBI, el único impuesto del sistema fiscal cuya recaudación no ha retrocedido nunca desde que se instauró en 1989. Ello ha ayudado a que los ayuntamientos (que son los encargados de ingresar el impuesto) acumulen dos ejercicios consecutivos con superávit. En cambio, las comunidades han visto como la recaudación del impuesto sobre transmisiones patrimoniales pasaba de aportar en 2006 más de 10.000 millones a representar hoy menos de 4.000 millones.

Hacienda entiende que la reforma fiscal debe servir para reducir la presión fiscal sobre determinadas fuentes de renta (especialmente las del trabajo) sin poner en riesgo el cumplimiento de los objetivos de estabilidad. Los números rojos del conjunto de la Administración alcanzaron los 67.755 millones y el compromiso pasa por rebajar este importe hasta los 30.900 millones en 2016. Supone un reto importante y exige que la recaudación que se pierda por la rebaja del IRPF se compense por el mayor crecimiento económico y también por los cambios en la fiscalidad patrimonial.

Fuente: cincodias.com

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