Un negocio en auge, las subastas de viviendas embargadas

Éste negocio siempre logra sacar ventaja de las lagunas del sistema hipotecario español. Pero ahora la cantidad de pisos embargados puede reducirse por la paralización de los desahucios, tras la última sentencia.

Subastas, las únicas a las que le vienen bien la crisis

Cuando un cliente no puede hacer frente a su hipoteca y acumula tres impagos, generalmente se inicia la ejecución hipotecaria, pero antes el banco intenta buscar alternativas como la refinanciación o la quita de la deuda.

Sin embargo, la crisis económica ha hecho que en muchos casos la entidad recurra a los tribunales por el impago de una hipoteca y acabe adjudicándose el inmueble, lo que engorda aún más su cartera. Según explican fuentes financieras, los bancos intentan siempre evitar este desenlace porque con él su cliente se ve obligado a abandonar su casa y la entidad se ve abocada a adjudicarse un nuevo inmueble al final del proceso judicial.

Entonces aparecen los “subasteros”, que utilizan los datos básicos de las viviendas que aportan los bancos al inicio del proceso judicial para buscar compradores. Como la situación económica no mejora y la morosidad sigue creciendo, el número de viviendas embargadas aumenta y aparecen propiedades más interesantes, con mejores características y situadas en mejores zonas.

Conscientes de que estas propiedades son más fáciles de vender, los “subasteros” pretenden sacar provecho intermediando en la colocación de estos chollos a particulares. Por eso, en cuanto los “subasteros” se hacen con los datos que el banco aporta en los juzgados acerca del inmueble, y buscan discretamente un comprador entre los miles de interesados que buscan oportunidades en este mercado tan castigado.

El problema, es que a el comprador particular, le pueden ofrecer una propiedad que encaje con sus preferencias, pero, solo puede hacerse una idea aproximada, ya que aunque lo compre, no lo podrá ver hasta que no sea adjudicado, ya que el propietario del inmueble y quien sigue viviendo en él es el cliente que ya no puede pagar su hipoteca.

Además, como tradicionalmente los bancos se adjudican los pisos de sus clientes a mitad de precio, gracias al “subastero” que en el momento de la puja competirá con la entidad para hacerse con el inmueble, el interesado podrá comprarlo en condiciones similares.

Los “subasteros”, establecen como único requisito al interesado en comprar un inmueble embargado el adelanto de entre un 10 y un 15% del valor de la operación. Esta cantidad se establece formalmente en un contrato que sirve para reservar la propiedad que en el futuro saldrá a subasta.

Aunque se trate de ofertas atractivas, en las que la referencia suele ser la mitad del valor de tasación, el adelanto de entre un 10 y un 15 % de ese valor puede ser una cantidad importante que el comprador deberá tener de antemano.

El futuro comprador se garantiza que el “subastero” pujará por la vivienda que interesa siempre que el propietario moroso no encuentre cómo pagar y evite la puja. En ese caso, los “subasteros” devolverían a su cliente el dinero, aunque claro, ya habría pasado un año.

 

Fuente: 20minutos.es

 

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