Un SUELO hipotecario por las nubes

En julio de 2008, aunque la crisis era ya una evidencia para cualquier experto que estuviera al tanto de las noticias de Wall Street, todavía se trataba de una posibilidad remota en la calle. Tan ignota que Zapatero había ganado unos meses antes una campaña electoral en la que la había negado sistemáticamente.

Entonces los desahucios eran una rareza que no salía en los periódicos y la maldita cláusula suelo de las hipotecas una gran desconocida. Así que cuando el día 25 de ese mes el joven matrimonio formado por Javier Hurtado y Natalia Ramírez se dispuso a hipotecarse para adquirir la casa en la que vivirían con sus dos hijos, como antes habían hecho sin problema miles de familias malagueñas, ni se les pasó por la cabeza que se estaban metiendo en una trampa que les quitaría el sueño.

A menudo la letra pequeña es la que más pesa, hasta convertirse en una carga insoportable. Y en las hipotecas por lo general esa letra pequeña se refiere a las llamadas cláusulas suelo, el mínimo interés al que se fijan las letras . El suelo de Javier y Natalia, él trabajador de la construcción ahora en paro y ella dependienta de una droguería, parece un techo inalcanzable. El Banco de Andalucía, la entidad con la que suscribieron el préstamo, les fijó un interés mínimo del 5,5%, una cifra que de por sí es superior al Euríbor más alto de la historia, el 5,45% registrado el 23 de septiembre de 2008, unos días después de la quiebra de Lehman Brothers.

Eso no es un suelo, es una barbaridad“, explicó a este periódico una de las fuentes consultadas en distintas entidades financieras. Las mismas fuentes señalaron que el interés mínimo que se ha venido firmando en las hipotecas oscila entre el 2 y el 3,5%. “Nosotros nunca hemos puesto esa cantidad, es disparatada“, abundó.

La hipoteca que firmaron Javier y Natalia para comprar su residencia habitual, en la Carretera de Cádiz, no era un disparate para las cantidades que los bancos facilitaban durante la burbuja inmobiliaria: 218.000 euros a devolver en 40 años. Incluyeron además como garantía su vivienda anterior, en la misma zona. El interés fijado como referencia era el Euríbor más 0,9 puntos, pero luego aparecía un apartado algo confuso, llamado “límite a la variación del tipo de interés aplicable“, en el que se señalaba: “No obstante lo previsto en los dos apartados anteriores, se acuerda y pacta expresamente por ambas partes que el tipo de interés nominal anual mínimo aplicable en este contrato será del 5,500 por ciento”.

Javier asegura que él no acordó nada de eso con el director de la oficina, al que conocía y consideraba “un amigo” porque allí era donde su empresa, propiedad de su familia, llevaba sus asuntos. “Él me dijo que me iba a dar una hipoteca en la que pagaría como mucho 900 euros“. Esa fue la cantidad más o menos cobrada durante los primeros seis meses. En enero debía empezar a aplicarse el Euríbor -ese mes estuvo al 2,62%- más 0,9 puntos, pero en lugar de ello la entidad financiera les cobró el 5,5% de interés: una letra de 1.113 euros mensuales.

Durante meses Javier intentó renegociar su hipoteca y amenazó con retirar el resto de productos con el banco. Él y su mujer llegaron a mandar una carta solicitando la anulación de la cláusula suelo en septiembre 2009. Ante esto, la entidad financiera, entonces ya absorbida por el Banco Popular, le aplicó durante los meses de noviembre y diciembre de 2009 y enero de 2010, un interés del 3,5%, bajándoles la cuota mensual a 830 euros. Pero fue un espejismo. En febrero volvió a situarse en el 5,5% y 1.112 euros.

Desde entonces, Javier perdió el trabajo y ya ha agotado la prestación por desempleo. Ahora percibe la ayuda de 420 euros. Su mujer cobra 700 euros en la tienda de Huelin en la que trabaja. Con ese dinero solo les da para pagar la hipoteca. Nada más. Y tienen un niño y una niña de 10 y 7 años.

Hace unos meses acudieron a un abogado para intentar negociar con el banco o resolver el asunto en los tribunales, como han hecho otros particulares afectados por la cláusula suelo antes que ellos. La semana pasada, según cuenta su letrado, Juan Antonio Fuentes, un directivo del Banco Popular en Málaga le llamó para anunciarle que no se iba a negociar “de forma amistosa” la hipoteca y que la decisión de la entidad era “definitiva”.

La demanda estaba ya presentada hace unos meses en los juzgados de lo Mercantil de Málaga, pero todavía no ha sido admitida a trámite. “Hay un atasco importante en el Mercantil, espero que para antes de Navidad admitan la causa, pero no creo que antes de dos años, como mínimo, haya sentencia“, relata a este periódico el abogado del matrimonio. A su juicio, el caso de es una clara ocultación de la cláusula suelo, de la que piden la anulación además de la devolución de las cantidades pagadas de más.

En la demanda, además de señalar que nadie avisó al matrimonio de la existencia de la cláusula suelo, “una mina oculta en el clausulado del contrato“, Fuentes insiste en que el banco diseñó un préstamo “que posee todas las desventajas del tipo de interés variable así como todas las del tipo de interés fijo“, y recuerda que la cláusula suelo media fijada ese año fue del 3,4% . Javier y Natalia no se benefician de los mínimos históricos a que se encuentra ahora el Euríbor, pero si el índice sube más allá del 5,5%, sí pagarían más. Por ejemplo, si el cálculo de la hipoteca se hiciera con el Euríbor actual, la pareja pagaría unos 600 euros al mes de hipoteca, en lugar de los 1.112 que les cobra el Banco Popular.

Javier, de baja por ansiedad, no sabe cómo aguantará el tiempo que se estima tardará en llegar el fallo judicial. Aunque todo el mundo le dice que saldrá favorable, eso no le anima demasiado. Teme perder la casa de su familia.

Fuente: malagahoy.es

 

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