El boom inmobiliario que está hundiendo a Irlanda

Las grúas coloradas están rígidas en el cielo gris, como enormes cuellos de jirafas. Nada se mueve, todo está abandonado. Las gaviotas sobrevuelan el fantasmal descampado y descienden agresivamente en zoom en busca de comida. Spencer Dock iba a ser uno de los más lujosos complejos inmobiliarios de Dublín. Hoy representa la explosión de la burbuja inmobiliaria y la especulación, los excesos de los “developers” y el crédito fácil de los bancos irlandeses, que han sumergido al país en la crisis y la pérdida de su soberanía fiscal.

El boom inmobiliario que hunde a IrlandaUn esqueleto de 10 pisos es otra muestra de la fácil ambición en el “Tigre Celta”. Un país que se desmoronó cuando sus bancos explotaron ante la recesión y su irresponsabilidad a la hora de prestar. Después de dos años de negación, de amparar a los banqueros y feroces recortes en el bienestar del resto de los irlandeses, el gobierno de la coalición conservadora ahora enfrenta la primera misión del FMI para implementar un rescate que no sólo los salve a ellos sino al euro y a la credibilidad de la Unión Europea.

Los Docklands son hoy la imagen de la desolación y de un pasado de avaricia y consumismo , que transformó en inesperados “nuevos ricos” a una población que había conocido la pobreza y el hambre. Es la zona portuaria atravesada por el río Liffey, que divide a Dublín entre el norte trabajador y el “southside” más “chic” e intelectual, si hay que estereotipar. Edificios de vidrio y acero abandonados, con carteles estériles de alquiler o venta sin interesados y algunos con las luces encendidas en pleno día. El tranvía pasa sin pasajeros. Nadie sube o baja en su parada en Spencer Dock porque casi no vive nadie en toda el área.

Los “ghost states” “o “residencias fantasmas” se reproducen a lo largo del país . La razón es simple. Los bancos otorgaban créditos sin referencias, sin saber si sus clientes los podían pagar. Así consiguieron que aun la familia más ordinaria pidiera un crédito para su casa y luego, incluso con todo su ingreso comprometido, recibiese otra oferta para renovar su auto o comprar una villa en el Mediterráneo. Hoy cada familia irlandesa debe en promedio 132.000 euros a los bancos y el precio de las casas que compraron valen el 36% menos que en el 2006, cuando pagaron por ellas cifras exorbitantes. El desempleo llegó al 14% desde los años de oro, cuando estaba en el 4%.

Así se construyó el fenómeno del “Tigre Celta”. Desde mediados de los ‘90 hasta el comienzo de la crisis, Irlanda pasó de ser uno de los países más desheredados de Europa a una república modelo y de economía floreciente, con una combinación de subsidios de la Unión Europea a sus granjeros y concesiones a las multinacionales, que llegaron aprovechando la capacidad multilingüe y hospitalaria de los irlandeses. El “corporate tax” o impuesto a las corporaciones fue solo del 12,5% y se convirtió en imán para las inversiones. Es el que hoy los irlandeses no quieren negociar con el FMI para garantizarse nuevas inversiones.

El boom económico se basó en una inversión de altas tecnologías, diseños de software y nuevos edificios, que transformaron a Dublín en un sueño americano, con una economía que crecía a tasas casi chinas del 6%.

Un boom inmobiliario alimentó la ilusión y los bancos prestaron con absoluta irresponsabilidad, sin el menor control de los reguladores y con el guiño irresponsable de sus gobiernos. Los irlandeses se sentían ricos, en el primer mundo y felices. Hasta que se bajó el telón. La economía entró en recesion, como el mundo después de la crisis de las hipotecas. El déficit público se convirtió en un Frankenstein que alcanza el 32% del PBI y los bancos colapsaron. Para mantener a los mercados en calma, el gobierno rescató a los bancos y aplicó recortes draconianos para los irlandeses que no eran banqueros. Cuatro meses después, las agencias de ratings, que habían calificado a los bancos con Triple A hasta hace poco tiempo, le quitaron la confianza. El mercado fue por más: rescate triple del FMI, la UE y el Banco Central Europeo o bancarrota era la opción.

A Irlanda no le quedó más remedio que aceptar al FMI . Eran ellos o el contagio a Europa.

Churchtown House, una distinguida casa estilo georgiano en Dublín y construida en 1870, simboliza el “boom to bust”, como llaman los anglosajones a este proceso de éxito y caída. Esta enorme residencia, que alguna vez supo ser la embajada holandesa en Irlanda, se vendió cuatro veces en 13 años. En 1997 se transfirió por 700.000 euros, 200.000 más de lo esperado. En 2006 fue vendida por 10,5 millones de euros. Ahora, un administrador de una compañía en bancarrota que era su dueña se contenta con conseguir 3 millones. Nada mejor que Irlanda para hacer negocios inmobiliarios con la desgracia general.

Por su larga batalla contra los británicos por la tierra, la justicia se resiste a la reposesión de casas por pedido de los bancos. Tampoco los bancos se atreven a exigirlas pero es un estigma no pagar en Irlanda , un pecado moralmente inaceptable.

“Esto va a cambiar”, escribió el economista Morgan Kelly en The Irish Times , el diario más respetado del país. “Si una familia defaultea su crédito hipotecario, ellos son parias. Si 200.000 personas defaultean, son una poderosa circunscripción política. La creciente crisis hipotecaria pone a Irlanda en la cúspide del conflicto social en la misma escala de la guerra por la tierra”.

Los irlandeses apuntan a la complicidad de los bancos con los “developers”, esos barones de la propiedad que comenzaron de abajo como constructores cuando Irlanda era pobre y se convirtieron en millonarios. Al menos 29 “developers” se han suicidado y otros se han ido del país por temor a la ley de quiebra, particularmente dura en Irlanda.

La buena noticia es que los “developers” no tienen futuro en la nueva Irlanda. La mala es que muchos han partido a Brasil, a Chile, a Australia y a Qatar a hacer los mismos negocios que practicaban en Dublín.

Fuente: clarin.com

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2 Respuestas a “El boom inmobiliario que está hundiendo a Irlanda”

  1. un despistado dice:

    pero estos …. ¿no eran hasta ayer una de las economías-modelo?
    ¿No será que “ese modelo” (donde se forran bancos, intermediarios financieros y demás “vendedores de humo”) no sirve?
    Si a los citados arriba les sumamos los políticos (que inyectan dinero a mansalva a estos buitres y luego hacen que “por ley” los ciudadanos corrientes paguemos todos sus desaguisados) y …¡LOS SUPRIMIMOS A TODOS! este planeta si sería un lugar ideal para vivir.

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